Adicta, y cada vez más, a poner una canción a cada vivencia no puedo evitar sumergirme en un mundo de recuerdos cada vez que le doy al play. No todos son gratos, el abanico es amplio, pero todos forman parte de mí; entre todos han construido mi presente.
Cada vez me muestro menos vulnerable ante recuerdos que no merecen la pena y eso lo debo, en gran parte, a que tu melodía suena tan clara y tan alta que no deja cabida para las demas. Me pierdo en cada acorde que sale de tu cuerpo y, con mis manos frías, evito perder el ritmo de tu canción..
Flaqueo, aún, en decisiones puramente personales que me hacen pasar malos momentos en los que, muy a mi pesar, cualquier buena melodía suena demasiado bajo y en los que la armonía de tus estribillos es dificil de apreciar. Pero supongo que de eso se trata, ¿no?. De renovar estrofas y letras cada día dandole a cada experiencia su ritmo, y a cada vivencia su importancia. No caer en repetidos versos mas de lo apropiado y como no, absorber de cada balada su expresión mas deseable. Son tiempos en los que la buena música suena vivamente; dejemos que anime nuestros días.
