Cuando mis primeros pasos del día están marcados por el inconformismo y los caprichos, que tiemble mi alrededor. Desde mi difícil cabeza veo con sencillez cada petición que volublemente me pide el cuerpo y cegada por el "yo" mas intransigente me exalto ante cualquier negativa para cumplir mis deseos. En esta mañana de domingo el "aquí y ahora" viene pisando fuerte. Pero tranquilos, no viene para quedarse...
Tal afirmación no tiene cabida en la relativa tranquilidad en la que últimamente convivo aunque en días así, inevitablemente, sufre alteraciones. Ya es bastante, en comparación con otros tiempos, que sea capaz de percatarme cuando "el cuerpo me pide marcha", pero aún así, no deja de ser agotador mediar entre la madurez y los antojos de la niñez mas arraigada.
Y es que, a decir verdad, ojala pudiera desprenderme, aunque fuese sólo por un día, de la trabajada responsabilidad que mi vida requiere y perderme, contigo, en cualquier lugar del mundo.
