Como cualquier ser humano racional, sin propósito de enmienda, creé una pirámide de prioridades a lo largo de mis cortos 20 años de vida. Siendo egoísta, para que mentir, situé en la cima aquellos sentimientos y personas que me hacen ser feliz, gracias a que, hace ya casi un año, una buena y sabia amiga, entre varias copas de ron, me cedió el mejor de sus consejos. "PIENSA EN TÍ, SI NO LO HACES, NADIE LO HARÁ" y palpando el sorprendente resultado que dicha prática me dió, barajo mis cartas haciendo lo propio. Manejo los hilos de mi alrededor con suavidad pero fuertemente atados a mí. Los cuido, los mimos e intento no perder el control de ninguno de ellos pero, mis pequeñas y finas manos no abarcan todo. Ciertamente, sí, hay un cabo suelto en mi cadena. Un eslabón perdido que, tiempo atrás parecía inexistente pero está ganando terreno y haciendo temblar mi firme y decorada pirámide. La atmósfera de optimismo recuperado que cubre mi ser parece flaquear en dicho aspecto dejándome, desnuda y sin paraguas, ante las lluvias del mes de Mayo. Cuando consigo despejar los adornos y centrarme simplemente en dicho problema (Ya se ha ganado este calificativo), encuentro tan fácil, y difícil la solución que fiel a mi intransigencia, me cabreo, me entristezco, me cierro y me encierro. Suelen ser escasos minutos los que, testaruda y sola, pienso y reflexiono negativamente acerca de dicha preocupación y suele ser un pedacito de chocolate lo que me hace salir de ella. Dispuesta a no guiar mi vida dependiendo de esta sustacia que me aporta efectos deseables, y dejarla sólo para casos extremos, me he propuesto enfrentarme a ello. No puse fecha límite porque las cuentas-atrás nunca fueron buenas aliadas, tampoco cuantifiqué mi ideal resultado. Sólo pretendo conseguir, a paso tranquilo, acercarme a la situación de estabilidad completa que creo recordar que una vez sentí. >> Hay quien no sabe que va a encontrar y aún asi sale a buscarlo, y de paso, a comerse el mundo.