La dinámica de esta última semana resulta tan gratificante como agotadora. Atender a las responsabilidades a tiempo completo limita mis ganas de más en los aspectos restantes pero, ahora mas que nunca, es cuestión de prioridades. El estudio intensivo que ocupa mis horas sólo cede protagonismo al final del día cuando, cansada y sin fuerzas, sólo pienso en dormir. Y es ahí, justo ahí, en los minutos antes de entregarme a soñar cuando en mi cama, cubierta ya de una única sábana, me centro en planear lo que vendrá después. La magnitud de mi futuro próximo es tan agradable que miles de sonrisas se suceden solamente con pensar en el. Y en esto consiste mi fórmula, en invertir todas mis fuerzas en la responsabilidad y adornarla, por momentos, con lo dulce del verano, que no tardará en llegar.