En mi última práctica de laboratorio aprendí lo que ocurre cuando activas un interruptor. Como la energía fluye y te proporciona el resultado esperado. Su función, básicamente, es abrir y cerrar el circuito; permitir o impedir el paso de electrones. Activar el paso de corriente, en mi caso, ya no depende de mí. Has robado, con esfuerzo, la capacidad de decidir cuando la emoción llega a mis cosquillas o cuando mi risa se eleva al enésimo exponente. Has obviado los límites a la hora de calcular la tensión que mi cuerpo puede aguantar e igualaste la diferencia de potenciales para llegar al equilibrio. En este sistema monofásico, en el que los nodos tienen nombres propios, la facilidad de intercambio verbal, sentimental, física y sexual ha sido programada con cautela para estallar cuando precise y recomponerse en función del tiempo. El amperímetro, conectado en la base de nuestra relación, marca valores variables dependiendo de la ocasión; Alcanza niveles altos, roza mínimos, encuentra el equilibrio... Pero nunca, nunca, marca valores negativos. No está diseñado para eso (¡¡Y no saben cuánto me alegro!!).Un rompecabezas
disfrazado de princesa...
disfrazado de princesa...
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Cojan una caja, no muy grande, y metan en dosis pequeñas las nueve cosas que más os gusten. No tienen por qué ser materiales (en la mía había hasta un viaje) y ciérrenla. Pónganle un lazo rojo, bonito y no le cuenten a nadie su contenido. Imaginen que un día alguien, volcado en su felicidad, se la entregara. Acertara cada detalle y superara, incluso, las expectativas. Cuando eso ocurra, alégrense. Y no lo digo por los nueve regalos, si no porque ya se acabó la búsqueda. Han encontrado a su mitad :)