miércoles, 8 de diciembre de 2010

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Es como el verano. El sol permanece intacto en sus mejillas. Tiene miedos que guarda bajo llave en una cajita negra con fecha de caducidad. Las letras de la felicidad permanecen grabadas y la poesía del imprevisto endulza su camino. Libra sus batallas en la cama y con cosquillas se alzan banderas. Los ojos le brillan; Eso ocurre desde que lo conocí. Tiernamente, si, brillan. Vence, y convence, con mimos. Ríe y sonríe guiado. Golosinas sus caricias y deseos de chocolate. Precipicios de locura y post-its para no olvidarme. Por no cortar el cable incorrecto me arroparía entre sus brazos en cada explosión y por evitar verme caer, me impediría subir otro escalón. No borra de su mente las carcajadas de antaño y recicla sus colores para tiempos menos dorados. Se aferra a lo próximo y se entrega al prójimo. Se descuida cuidadosamente, se abandona sigilosamente...

(...) desde entonces, no come postres con canela. Al atardecer camina hacia los altos de la cuidad probando las alas del futuro, cosidas con hilos del pasado. Repasa su plan imposible y sueña que sueña con noches. No duerme, no experimenta. No huye por miedo a ser visto ni grita por no despertarme. No pide por no molestar, no molesta porque ya... Porque ya no está....