De puntillas vigilo la tormenta. Los intentos fallidos de restar el vértigo a la satisfacción de las alturas ahoga algún que otro propósito y continuar con el viaje provoca, reiteradamente, una sensación de vínculo inamovible enternecedora, gratificante... Conjugo los mismos verbos en diferentes tiempos y, la diversificación de caminos con la misma meta potencian mis cualidades. Con cada gota de lluvia que cae, las yemas de mis dedos se empapan de brío y con la luna sobre mi nariz, me percato de la magnitud de todo esto...
Para seguir contando este cuento, para continuar como protagonista, no preciso de cifras ni instantáneas. No necesito grandes motivos ni leves sospechas. Bajo nuestros pies, en la carretera, sigue estando nuestro plan de huida y pronto, sobre las nubes colmadas de ganas, hallaremos el clímax. Ya no quedan guiones infundados ni argumentos sacados de cualquier peli de amor. No hay causas, ni justificaciones. No hay más razón que un corazón siempre loco por vivir...
¡Apoteósico!