Intento reconducir mis palabras hacia la naturalidad, no por ello menos mágica, que reina en nuestro éter. Las frases se acumulan y golpean mi equilibrio con tanta magnitud que se asemejan a cirros apunto de estallar. El viento toma preso mi pelo deslizándolo por cada milímetro de mi rostro que, cuando cesa, deja entrever una tímida sonrisa de triunfo. Salto sobre los charcos que apáticamente inundan las calles y empapo mis catiuscas de satisfacción y regocijo. Ciertamente si, la experiencia es un grado, y por ello absorbo de guerras ya ganadas la energía necesaria para no entrar en desgaste; No hay tiempo que perder. Mi agenda pide a gritos ser escuchada y el lend de mi BlackBerry me marca un exigente pero gratificante ritmo que no quiero perder. Me divido entre pasado y futuro en cuestión de amistades que amplían, aún mas si cabe, la recompuesta consideración que mi ser merece y, con ansias de engrandecer día a día nuestras líneas me acurruco, entre tus brazos, pidiendo mimos. Impensable en otros tiempos... Agradezco plenamente la llegada del frio y con él, una nueva excusa para que tus brazos se separen, lo menos posible, de mi cuerpo.
