martes, 12 de octubre de 2010

De los retales de una vida, sale una canción

Entre nubes de algodón e intentando no caer transcurrieron los primeros 17 años de mi corta pero intensa vida. Algo tan desconcertante como el amor fue lo único que pudo hacer que mis nubes dejaran de ser tan firmes y vacilaran en tiempos de frío. A partir de ahí y durante los años que restan hasta mis 20ypico en los que ahora disfruto, dicho sentimiento ha guiado mis decisiones regalándome oportunidades y cediendome otras experiencias no tan gratas...
A decir verdad, no creo en el propio arrepentimiento, pues querer cambiar vivencias que nos marcaron lo considero un error pero, por el contrario, soy fan incondicional del perdón, sentimiento tan difícil como dichoso para quien lo recibe, que posee la capacidad de mover barreras.
La demandante madurez, supongo, es quien me ha otorgado un sinfín de reflexiones que, hoy por hoy, me hacen ver la vida desde otro prisma. Considero erróneas muchas de mis actitudes y valoro con positividad muchas otras que, acompañadas de buenos consejos, me hicieron avanzar.
El inconformismo innato que siento ante decepciones e injusticias me ha hecho equivocarme, acertar y empatar incluso con el destino que, presa de mis ansias de control, he querido siempre dominar.

Hoy, desde mi cama desecha y los primeros apuntes ocupando mi escritorio vagueo entre reflexiones: ¿Es verdad aquello que dicen que de los errores del pasado se aprende? ¿O es mejor cerrar con llave ciertas experiencias y evitar, incluso, pensar en ellas?

Disfruten de este seudo-domingo.