Con fiebre, encerrada en casa.
Sin padres y excesivamente mimosa.
Sin padres y excesivamente mimosa.
Tú te prestas a mis necesidades. Dulce, preocupado. Me tocas. Siento calambres, escalofríos, y en mi columna vertebral se forma una armonía que no debería desaparecer nunca. Tus dedos rozan mi espalda, mi cuello, y me estremezco. Escribes un cuento en mi piel, borras letras para escribir unas nuevas. Perdura el cosquilleo. No quisiera dejar nunca de ser tu papel.
¿Recuerdas? Hace poco escribiste una serie de cosas de las que no me permitías dudar.
Hoy, yo, te escribo a tí:
No puedes dudar de que eres tremendamente sexy.
Hoy, yo, te escribo a tí:
No puedes dudar de que eres tremendamente sexy.

Cada vez mas cerca, Navidad.