Lo encuentro distinto, no se si será porque está a punto de cumplir años o quizá porque, por fin, ha encontrado su sitio. Se muestra maduro, sin perder la inocencia. Valiente, con ganas de enfrentarse a la inseguridad aunque sea de puntillas. Sus movimientos rebosan comprensión haciendo de su estancia el mejor de los regalos que incitan a pedir, susurrando, que se quede para siempre. Sus llegadas al cielo se suceden mostrando el clímax de todos los colores, formas y sabores posibles que engancha; mucho y cada vez mas. Recorre cada cuerpo como si se tratase de distintas melodías y se enorgullece de la entrega a ciegas que recibe. Es divertido, inteligente, delicado y cariñoso. Acierta y falla con tanta suavidad que la rectificación se ha convertido en uno de sus aliados que, junto a la paciencia, han formado un tándem impecable. Es capaz, exclusivo, generoso y dinámico. Es fiel, flexible, elegante y completo. Tiene defectos, quien no, pero su optimismo y sus ganas se ocupan de esa batalla. Es guapo, es tremendamente guapo. Es amor, es el nuestro.
