"...Sonreirás con ese gesto cansado y feliz de quien ha sido libre al menos por un instante. Tu rostro de estrella fugaz. De arquitectura impensable pero no imposible. Rostro de tinta y silueta en un cuerpo fuera de los límites de la ley de la gravedad. Cuando me mires, me verás respirar desde allá abajo, sin capacidad para parpadear, asombrado de que sea posible mirar tan de cerca el mundo de lo no-humano. El mundo de lo no-material. Y sin dejar de sonreír, moviendo el abanico de las posibilidades infinitas, dándome aire, me dirás: “sube aquí arriba, hay un millón de sueños que voy a enseñarte”.
