Para ti debe ser fácil, ¿no? sólo tienes que sonreír y mis piernas comienzan a temblar. Para ti el juego es sencillo ya que carece de leyes y tras todos estos meses conoces mi debilidad. En tu cama de batallas los límites están tan claros que ni existen y el tiempo sigue el ritmo de los latidos de tu corazón. La victoria aparece tan segura en tus planes como tus manos en mi cintura y, a continuación, el sugerente "dejarse llevar..." Pues siento decirte, compañero, que hoy las reglas las pongo yo, me alié con la naturaleza y ella no se equivoca; si te quisiera con ropa, con ropa hubieras nacido.