El juego es parte de ellos. Pecando de egoístas por robar la totalidad de la magia al resto del mundo dibujan su futuro con acuarelas. Contradiciendo expectativas, su serenidad es fácilmente visible, como si, exentos de dudas, conociesen el mañana y la seguridad de su relación estuviera bajo llave, en una cajita inaccesible. Ríen, juegan, colorean sus cuerpos de confianza y diversión. Las caricias dibujan arcoíris sorteando los lunares y los besos, exentos de timidez, devoran cada milímetro de la piel. El sexo y el amor son inseparables y ni el demasiado, ni el supongo tienen cabida allí. La velocidad la marcan sus latidos y la contradicción se aleja cabizbaja. Todo es indiferente, todo lo demás fuera de ese cuarto es inexistente. Todo sobra porque cuando se mezclan, su mezcla es su todo, su todo son ellos.
