Coincidimos, así es. Fue el anden numero siete, cual si no. Cogimos el mismo tren, elegimos el mismo vagón y viajamos en la misma dirección. A parte de eso, no hay más coincidencias. Los extremos mas dispares fusionados a toda velocidad. Yo perseguía la luz de las estrellas y tu charlabas con los cometas. Mientras yo me perdía en los charcos tú contabas las gotas en el cristal, pero... ocurrió; tus ojos dispararon a mis pupilas regalándome atención y tendí mi mano hacia nuestro futuro... Tras aquello; brilló el arco-iris.
