sábado, 11 de diciembre de 2010

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Con la Vogue de Diciembre en mis manos y la añorada resaca en mi cabeza transcurre esta cálida tarde de finales de otoño. Las propuestas positivas planean sobre mis actos y las razones se acumulan a nuestro favor. Cuando sientes, pero cuando sientes de verdad, el daño es tan profundo que ciega hasta al sol y la risa es tan sonora que no escuchas nada más. Con sentido y sentimiento pernoctan mis ideales y, trazando esa línea hacia ti, mis piernas no flaquean en tu meta. Llegada, victoria, aplausos, reconocimiento... Apoyo, satisfacción. La banda de la gratitud decora mi pecho y los signos de esfuerzos, intactos, sellan mis pasos. Que importan ahora quienes no creen en lo recíproco, quienes falsean con silencios o apuestan por lo efímero. Que importa, si son tus piernas quien acompañan mis pasos...
Verifico mis cuidados sin perder detalle de los tuyos cuyo afán de superación recae en lo personal, una y otra vez, un poquito más. El dulce de tus actos invade mi espacio y lo bueno de la recepción me agasaja con regalos. ¿Es felicidad? Que importa su nombre.
Es eso que solo tú me haces sentir.