Cuando observas tu vida desde el punto de vista más práctico y actúas conforme a el te premias de numerosas escenas que aportan luz y claridad a tu rutina. Si intentas, por difícil que suene, estar siempre preparada ante cualquier imprevisto y extraer de cada uno de ellos los mensajes que aportan, tu día a día será tan enriquecedor que no necesitarás ni chocolate para derribar sus entresijos. Inevitablemente lo que reflejan mis palabras tiene su lado ficticio, utópico... Por muy cerca que te encuentres del efímero equilibrio habrá minutos, horas, días e incluso semanas que la realidad pese más que tus fuerzas. Es ahí, cuando dependes emocionalmente de sustancias, gestos o personas que te aportan, la dosis justa, en el momento oportuno. Por eso hoy, algo frágil debido a una simultaneidad de leyes vitales, agradezco a todo aquel, o aquello, que devuelven o devolvieron la fuerza a la atmósfera en la que subsisto con el mero deseo de aportarles, o quizás haberlo hecho en el pasado, una dosis de brío y empuje cuando lo necesitaron. Valoro la correspondencia casi tanto como el respeto y, desde niña me enseñaron, a predicar con el ejemplo.
