Cuando acaba el día, hay cosas de las que no puedes evitar hablar. Cosas que decimos porque somos incapaces de callárnoslas y cosas que no queremos ni oir. Hay cosas que decimos por que no nos queda otra. Cosas que no son lo que decimos, si no lo que hacemos. Cosas que nos guardamos para nosotros mismos. Y, aunque no siempre, pero si de vez en cuando, cosas que hablan por si solas.
