miércoles, 2 de junio de 2010

Aún.

¡Claro que si!; Contesté cuando aquella niña de ojos intensos y mejillas ruborizadas me lo preguntó. Hay veces que temes responder rápido, equivocarte en tu respuesta y tener que rectificar. Otras, en cambio, la espera en tu contestación se hace aún menos llevadera. No quieres enseñar tu parte dubitativa y sueltas, sin meditar, algo que no tienes del todo claro. Cuando Carla, sin intención alguna de crear en mi esta reflexión, me pregunto si era feliz, algo semejante a como describen los minutos anteriores a la muerte se sucedió en mi cabeza. Innumerables imágenes y sentimientos se apropiaron de mi ser. Fui presa del recuerdo. De todos los momentos vividos y de la superación de todos ellos. Si todos a una cierta edad, pudieramos revivir y observar lo vivido las sorpresas serían parcialmente decepciones. Y las decepciones, anécdotas de lo pasado adornadas con propósitos de enmienda. Siendo positiva y casi del todo realista mi película resultó divertida, en momentos bastante visceral y plagada de relaciones humanas. La mayoría indescriptibles debido a su alto contenido en sentimientos. Otras menos complejas y las mínimas que quedaron olvidadas. Tras el breve periodo dedicado al recuerdo me centré en mi presente. Me encontraba inmersa en una relación especial. Basada en el respeto: Para mí, necesario e imprescindible. Con proyectos de futuro, con sueños cumplidos del pasado y decepciones conjuntas que habíamos superado. Los tenía a ellos: Fieles a su creada misión de hacerme crecer a su ritmo. A su paso. Ellas, revolvían mi cabeza a la par que asentaban mis deseos de gritar, viajar, beber y bailar como antaño. Y me tenía a mí. Capacitada y con fuerza para aceptar y disfrutar de cada mal y buen momento que me regalara la vida. Vida. Mi vida.