Lo conoció una noche de verano. Él bebía, ella bailaba y sus miradas se enredaron. Él la eligió. Sopesando previamente las consecuencias que eso tendría. Noches largas, besos guarros y despedidas dentro de un coche. Típica historia de amor de verano que quedaría olvidada al comienzo del nuevo curso. Ella disfrutaba, se dejaba hacer, se dejaba querer con tal de que le proporcionara una dosis excesiva de risas. Sólo eso. Sólo reir era lo que ella quería. Lo que ella añoraba..
Agosto iba pasando con sus pros y sus contras, aquel chaval con camisa a rayas y vicio de raqueta se adentraba en su mente.. De compartir copas y cigarros mal apagados pasaron a mesas en restaurantes caros y paseos por la ciudad.. Las conversaciones con el pasado -Digo pasado porque siempre fuí muy optimista- nublaban en muchas ocasiones el lento y entretenido curso que esa relación seguía. Intentaban apagar el sol, quitarle brillo a aquel comienzo y por eso, hulleron. Se refujiaron donde nadie les veia. Se alejaron cientos de kilómetros y carreteras buscando la razón, el motivo o la excusa perfecta para no volver. Para no regresar. Aunque sólo fuese un día, aunque fueran 12 horas.. Entre caminos, autopistas y semáforos en verde se encontraron. Lo encontraron. Un rincón perfecto. Unas ganas locas de más. Y allí, relajada y tranquila reflexionó. Y allí, convencida y segura lo repitió. Ahora le tocaba a ella. Tocaba ser feliz, tocaba dejarse querer. Y entretanto le cogía el gusto a la radio, a subir el volumen. A bajar la ventana sin querer y a subirla mientras reía. Y entretanto seguían de viaje.. Disfrutando de cada canción, de cada camino. De cada calada.
Y alfinal.. -Me gusta estar aqui, contigo- Dijo justo antes de acomodarse en el asiento del copiloto y cerrar sus ojos. No pretendía dormirse, tampoco estaba cansada, pero no quería que nada, ni siquiera su voz, rompiera ese momento. -Es raro pero me gusta- Pensaba mientras sentía como él la miraba... No lo podía evitar y sonrió. Abrió los ojos y volvió hacerlo. Sintió un leve alivio dentro del mar de dudas en el que se encontraba inmersa. Una luz brillaba alfinal. Un halo de esperanza. Un nuevo sentimiento. Y sumergida en el positivismo y las ganas, cogió la servilleta de aquel bar, y escribió entre nervios e ilusión: Quiero probar el resto de las estaciones contigo..
Al alargar su mano para dársela, para entregarle parte de ella algo ocurrió. Como si de un fuerte viento se tratase, un insistente miedo bloqueó su movimiento. Escondió su mano y con ella su escrito. Bloqueó su esperanza, sus ganas. Una corta pero intensa guerra de sentimientos se apoderaron de ella. De su cabeza, de su corazón. Y sin saber que hacer, sin encontrar una posible solución, volvió a cerrar los ojos. Volvió a desconectar.. A soñar despierta con algún final de cuento, con su particular zapato o el beso de aquel príncipe que tanto deseaba...
Agosto iba pasando con sus pros y sus contras, aquel chaval con camisa a rayas y vicio de raqueta se adentraba en su mente.. De compartir copas y cigarros mal apagados pasaron a mesas en restaurantes caros y paseos por la ciudad.. Las conversaciones con el pasado -Digo pasado porque siempre fuí muy optimista- nublaban en muchas ocasiones el lento y entretenido curso que esa relación seguía. Intentaban apagar el sol, quitarle brillo a aquel comienzo y por eso, hulleron. Se refujiaron donde nadie les veia. Se alejaron cientos de kilómetros y carreteras buscando la razón, el motivo o la excusa perfecta para no volver. Para no regresar. Aunque sólo fuese un día, aunque fueran 12 horas.. Entre caminos, autopistas y semáforos en verde se encontraron. Lo encontraron. Un rincón perfecto. Unas ganas locas de más. Y allí, relajada y tranquila reflexionó. Y allí, convencida y segura lo repitió. Ahora le tocaba a ella. Tocaba ser feliz, tocaba dejarse querer. Y entretanto le cogía el gusto a la radio, a subir el volumen. A bajar la ventana sin querer y a subirla mientras reía. Y entretanto seguían de viaje.. Disfrutando de cada canción, de cada camino. De cada calada.
Y alfinal.. -Me gusta estar aqui, contigo- Dijo justo antes de acomodarse en el asiento del copiloto y cerrar sus ojos. No pretendía dormirse, tampoco estaba cansada, pero no quería que nada, ni siquiera su voz, rompiera ese momento. -Es raro pero me gusta- Pensaba mientras sentía como él la miraba... No lo podía evitar y sonrió. Abrió los ojos y volvió hacerlo. Sintió un leve alivio dentro del mar de dudas en el que se encontraba inmersa. Una luz brillaba alfinal. Un halo de esperanza. Un nuevo sentimiento. Y sumergida en el positivismo y las ganas, cogió la servilleta de aquel bar, y escribió entre nervios e ilusión: Quiero probar el resto de las estaciones contigo..
Al alargar su mano para dársela, para entregarle parte de ella algo ocurrió. Como si de un fuerte viento se tratase, un insistente miedo bloqueó su movimiento. Escondió su mano y con ella su escrito. Bloqueó su esperanza, sus ganas. Una corta pero intensa guerra de sentimientos se apoderaron de ella. De su cabeza, de su corazón. Y sin saber que hacer, sin encontrar una posible solución, volvió a cerrar los ojos. Volvió a desconectar.. A soñar despierta con algún final de cuento, con su particular zapato o el beso de aquel príncipe que tanto deseaba...

